1988
Aguascalientes, México.
Los artefactos cerámicos y la alfarería, inventados durante el período Neolítico, nos ofrecen una ventana a las experiencias y a la imaginación de nuestros antepasados. En este sentido, mi obra se concibe como un registro etnográfico del presente: objetos destinados a ser estudiados por la arqueología del futuro.
Con el tiempo, mi trabajo como antropóloga encontró otros cauces en la ficción y el arte y, inspirada en la tradición de los azulejos en Lisboa y Río de Janeiro, comencé a crear piezas pensadas para las calles de la Ciudad de México. Concebidos como cartas de amor para esta bestia salvaje que es la ciudad, los azulejos se dispersan por distintos barrios. Son fotografiados y georreferenciados, creando un mapa vivo de mi obra.
Más tarde, comencé a producir jarrones y platos, objetos que integran espacios privados y nos remiten a experiencias y prácticas íntimas. Estas piezas dialogan con un universo femenino de rituales cotidianos y miradas cómplices.
Actualmente, además de explorar con nuevos medios, estoy produciendo murales de azulejo de formato medio, inspirados en la tradición del muralismo mexicano y la talavera.